Memorias de la amante infiel (tunAstral, A.C., 2010)

 

 

¿Es esta la calle Broad en Hartford?

 

La vara reposando en la pared del frente

de la bodega. ¿Es una caña?

 

¿Qué está haciendo aquí rodeada de colillas

y frutas tan aporreadas que casi no han

sobrevivido el viaje.

 

Estas frutas y yo, convergiendo miles de millas de distancia

de lo que fue el inicio de nuestras jornadas.

Nuestras imágenes reflejándose juntas en los pequeños

espacios de la vidriera

que no han sido tapadas con anuncios para Café Bustelo

y detergentes.

 

Estas frutas. Esa caña. Yo.

¿Qué hacemos en este rincón de Broad Street?

¿Cuanto tiempo pasará antes de que empecemos a recordar

esas brisas tropicales y las atormentadas nubes de nuestras islas?

 

San Luís, el pequeño pueblo en Cuba

donde aprendí a decir caña, a saborearla, a querer más.

 

Juegos infantiles, inocentes, deliciosos como las cañas

que nos robábamos de los trenes cargados en el Central Unión.

Chiquillos peleándose para ser los héroes liberando de las cañas.

 

Yo quiero adueñarme de esa caña en Broad Street

bailar con ella. Correr de espaldas.

¡Ven, saboréame! me susurra Soy tan dulce

 

Si. Yo quiero saborear otra vez esta caña tan dulce.

Quiero disfrutarla ahora como lo hice antes. Ella quiere

que la posea, que la haga mía en medio de la calle.

 

Mis labios la rodean

mientras ella me promete llevarme al pasado

ser tan dulce, tan dulce,

como las tardes en San Luís cuando lo único que nos

importaba era el sonido del tren tentándonos

Sígueme, sígueme, sígueme, sígueme.

Tengo caña   tan dulce, tan dulce.

 

 

 

–Tomados del libro Memorias de la amante infiel