Tomado de la Revista SIETE, Panama City, Panama

 

 

 

Bessy Reyna es autora de 'Terrarium' y 'Ab Ovo'. Reside en EE.UU en donde ha sido distinguida con el premio de poesía Joseph E. Brodine y el galardón del Hartford Arts Council. Desarrolla periodismo cultural en el diario the Hartford Couran y es activista de arte y ha sido mencionada como la 'Latina Citizen of the Year, en Connecticut. Las personas interesadas en su libro contactarla a msusanholmes@snet.net.
revista.siete@epasa.com


POR: AGUSTIN DEL ROSARIO
FOTO: CORTESIA

DIORAMA
Una Panameña En EE.UU



















En su monumental obra, Proust nos familiariza con esa doble actualidad, con ese doble presente, con esa doble realidad en la cual, el tiempo que supusimos perdido, adquiere dimensión de eternidad, como algo que por el hecho de inscribirse en el recuerdo...
Un Poemario que es Texto para la Memoria
Con Proust la memoria del ser humano se convierte en forma de vida de cosas pasadas: vivirla en tiempo presente. Las cosas de la vida, transcurridas, lo que suponemos ido, finalizado, adquieren acto actual de presencia, como si al transcurrir, hubiesen trascendido a otro tiempo, uno por siempre actual, como si nunca hubiesen dejado de 'ser' y de 'significar'. En su monumental obra, Proust nos familiariza con esa doble actualidad, con ese doble presente, con esa doble realidad en la cual, el tiempo que supusimos perdido, adquiere dimensión de eternidad, como algo que por el hecho de inscribirse en el recuerdo, es más que un recuerdo y nunca deja de ser.
Algo similar a estas divagaciones experimenta uno con la lectura de 'El campo de batalla de tu cuerpo', de Bessy Reyna (María Magdalena Betsabé Reyna), libro bilingüe, español e inglés, en el cual esa 'realidad dual' se hace presente como algo que nunca ha dejado de ser para la autora
Nos limitaríamos al llamarlo como 'poemario', aunque su forma lírica sea el verso libre, dado que su unidad temática, la fuerza de las metáforas que evoca, su sentido de narración en torno a la vida y en torno a los sentimientos que nos deja la vida, pensamos, va más allá, hacia una temporalidad que es cara para su autora, tanto que está con ella, aunque por delante tenga otro tiempo que, aparentemente, la contradice.
Aclaramos, no es un simple libro de recuerdos, no es la memoria de cosas que al paso de los años, arraigan y no se olvidan. No es un libro que habla de cómo duelen o como lastiman las cosas que han dejado de ser. No es esa la línea de 'El campo de batalla de tu cuerpo'. No es un libro que habla del dolor de esas cosas que ya no son.
Por el contrario es un libro que, en cierta manera festeja, se regocija, con ese nuevo tiempo de la memoria dado que nos advierte que a través del mismo es cómo capturamos a plenitud cosas que no se asieron, en su debida forma, en su debido momento.
Como si a través de ella, la memoria, seríamos capaces de ser lo que somos a plenitud y de entender a plenitud ese sentido de existencia nuestro.
Un ejemplo de lo anterior es el texto que da inicio a la obra (It's 3:00 a.m. and we 're still talking, 'Son las 3 de la mañana y todavía estamos hablando') en el cual la evocación del padre se hermana con la evocación del amigo detenido en la cárcel y cierra con la evocación de la madre, quien llega el aeropuerto y no encuentra a nadie esperándola dado que al esposo pasó por alto el hecho. Son tres tiempos pasados, tres evocaciones en una memoria que es presente y dentro de la cual cada uno de ellos, el padre, Alberto, la madre, es evocado, sin dolor, sin rencor, sin apasionamiento. Así, de la misma manera, suponemos, que la autora las recuerda en ese tiempo presente del texto.
El tema, de una forma o de otra, presente en sus libros anteriores de poesía, ha madurado en este último y no deja dudas en torno al hecho de que define una etapa en la cual, la autora, mira hacia atrás y es capaz de darle un 'tiempo' nuevo a su pasado.
Ello explica, por ejemplo, la evocación que hace de sus años en el poblado de San Luis Oriente, en Cuba.
La memoria no es una que lamenta, que se duele, que añora, algo ido. Ese dolor del recuerdo, tan presente en otros y en otras, que han escrito con iguales coordenadas no está en ella, sino que por el contrario, la suya es una memoria que da a esas evocaciones una, en cierta manera, atemporalidad que nunca ha dejado de ser.
En 'The Boys I loved (and loved me) esa atemporalidad es básica. El poema es, en cierta manera, un recorrido sentimental, a lo largo del cual no es el 'recuerdo' sino la ironía la que otorga un carné de identidad a un tiempo en el cual los convencionalismos sociales dieron una perspectiva de comprensión, que hizo de la evocación otra cosa, diferente, a la que se asume ahora al escribirlo.
El pasado, siguiendo nuestras líneas de comprensión, es trastocado en base a lo que en el momento de la escritura del poema, es el pasado, no en base a lo que se pensó fue en su momento. Al cierre del mismo poemario se concluye "the ones I truly loved after I lost them/ one by one/ to love, or watever it was calleds/ that we felt in those days".
Esa distorsión del tiempo, en cierta manera de la fragilidad del mismo, es la línea que debiera orientarnos al recorrer el libro.
Como si, a las finales, pudiéramos asir el pasado a nuestro entender y no en base a lo que supusimos ese pasado era.
Claro que iniciamos estas reflexiones con Proust, pero si ahondamos en la mismas ¿acaso no dejaría de ser en cierta manera natural que las cosas idas, la vida recordada, sean precisamente lo que queremos que sean al momento de recordarlas y no lo que fueron antes del intento? Esa labor es la que emprende Bessy Reyna y esa labor es la que comparte con nosotros. Como anota en 'She Thinks of a Photo': "she wonders if she is dreaming/ there is no one left to tell her otherwise".